Páginas

14 de septiembre de 2010

* Jorge Eliécer Pardo: Escritor Benhur Sánchez y su Buen viaje General



Evocación interrumpida
de un General de la Guerra de los Mil Días
Buen Viaje, General, novela de Benhur Sánchez Suárez
—Caza de libros, Ibagué, julio de 2010, 323 páginas—
Por Jorge Eliécer Pardo

Dos novelistas estuvieron obsesionados por generales de la Guerra de Los Mil Días: Gabriel García Márquez y Benhur Sánchez Suárez. Rafael Uribe Uribe dio origen al coronel Aureliano Buendía, de Cien años de soledad y Tulio Varón, al protagonista de Buen viaje, General.
El tema de la Guerra de finales del XIX y comienzo del XX en Colombia vuelve a ser de interés sobre todo para los escritores de la generación del cincuenta. No porque esté de moda la literatura histórica o por la coyuntura del bicentenario de la Independencia. El reto del narrador: manejar la información y hacer que la novela se convierta en ente propio, con vida, credibilidad y gozo revelador y estético. Se conocen tantos intentos donde la historia devora la novela.
Si gran parte de la literatura llamada sicaresca se encuentra descontextualizada del ambiente histórico político que la generó, tiene en su elaboración el ingrediente de velocidad, riesgo expresivo y búsqueda de un lector ávido de aventura, sangre y sexo. Estos ingredientes de la llamada posmodernidad esconden muchas veces la profundidad que los temas sociales exigen a un buen libro.

Al contrario, la novela con temas de la historia menos reciente, es lenta, reflexiva y deja al lector en el limbo de la vida de pasados sucesos que seguramente escuchó en boca de abuelos y padres. El rescate de la memoria supone una elaboración no sólo de quien evoca sino de quien recibe el recuerdo o lo construye.
Un texto esclarecedor de lo que significa convertir en literatura lo que fue suceso de la historia nos lo entrega Tomás Eloy Martínez, en Ficción, historia, periodismo: límites y márgenes. A través de él haré un acercamiento a Buen viaje, General, de Benhur Sánchez Suárez. Una especie de conversación o respuestas o de aproximaciones a un reto que muchos hemos afrontado con mayor o menor acierto.


La ficción y la historia se escriben para corregir el porvenir, para labrar el cause de río por el que navegará el porvenir, para situar el porvenir en el lugar de los deseos. (TEM)


¿Quién es el protagonista de la novela de Sánchez Suárez? Tulio Varón, que según el autor, confiesa: nací para la guerra. No tengo otra ambición que vivir el fragor de los combates ni me hierve la sangre en situaciones distintas al destello de las armas y a la búsqueda de la victoria, cueste ella lo que cueste. (pp. 23).

En la novela, Sánchez ejerce el oficio de inquisidor, cuestionador del personaje histórico, fantasma que reconstruye su cotidianidad y su gesta. La suma de documentos, invocaciones y diálogos, el río de la argumentación nos lleva a seguir la avalancha de sucesos que no deben repetirse, que vividos de nuevo en el libro, el porvenir más halagüeño es el deseo del autor y el lector.

Siempre pensé que, para escribir una novela eficaz que incluya como personaje alguna figura histórica, es preciso saber todo lo que se ha escrito, filmado, cantado sobre esa figura para infiltrar la imaginación en los intersticios de la realidad. (TEM).

El personaje protagonista monologa o se enfrenta a su invocador. A través del recurso de un grupo de amigos que llaman a vivos y muertos.
Voz del General: Sólo admitimos la muerte en los encuentros fortuitos de la guerra. Caso contrario el de nuestros enemigos, que han demostrado su salvajismo contra nuestros combatientes y su obediencia ciega a la orden de la Presidencia de no dejar vivo a ningún liberal que se cruce en su camino. (pp. 28).
La justificación de la guerra en boca del personaje que adquiere una vida de contradicciones en las disputas por el poder. Bastaría saber que Varón era latifundista, hijo de latifundista, que la tierra se convierte en el centro o motivo de la guerra. La guerra de todos los tiempos.
Voz del General: El que estimula el crimen es más sanguinario que aquel que lo comete. (pp. 28).
Sentencia que se vuelve histórica y reiterativa en donde el Estado, tantas veces, se convierte en verdugo.


La única verdad posible es el relato de la verdad (relativa, parcial) que existe en la conciencia y en la búsqueda del narrador. (TEM).


Voz del autor y su fantasma: Por más que hayan tratado de ultrajar tu imagen con mote de criminal y sanguinario, tu nombre está por encima de esos señalamientos. (pp. 30).
Después Varón confesará que. hay que infundir terror para debilitar al enemigo. Es una táctica infalible. Por mi parte, ya he sembrado el pánico con mis acciones y estoy orgulloso de haberlo conseguido. (pp. 96).


Yo creo que, a diferencia del periodismo o de la Historia, una novela es una afirmación de libertad plena, y que por lo tanto un novelista puede intentar cualquier malabarismo, cualquier irreverencia con la realidad. (TEM).

Las justificaciones de las prácticas perversas de la guerra, desde los tiempos de la Independencia, se ahondan en las palabras breves que contienen la carga de las acciones del terror. El novelista no justifica, sólo indaga y, el personaje se impone, como Fantasma. El elogio al machete como arma mortal de los guerrilleros liberales de Tulio Varón tiene en la novela y la historia preponderancia. Y las descripciones se ahondan como los lances y los ataques aleves y sanguinarios. Es la guerra, podría decir el autor al lector, por ello se aprueba el Código de Maceo: combatiendo cuerpo a cuerpo un hombre con un machete vale más que tres con rifle; combatiendo de lejos, un hombre con un rifle, vale más que diez con machete. (pp. 100).
Para un autor, su propio texto se sitúa en el pasado. Él mismo está ya en otra cosa, en la próxima novela. Para el lector que lo examina, en cambio, ese mismo texto es un presente continuo, un código que va abriéndose a medida que se lo descifra (TEM).

Voz de periodista, historiador, Camilo Pérez Salamanca (autor tolimense que se ha dedicado a documentar y desentrañar aspectos de la historia del Tolima, sus personajes y sucesos desde un punto de vista del cuestionamiento social. Es autor de cuentos y novelas).

La ilusión lo envuelve todo y el hilo de los datos va formando un solo nudo con el sol de la narración. (TEM).

Tulio Varón de su tiempo, en su tiempo, en la invocación de 107 años después y su nombre identificando un frente guerrillero del 2004. Interesante imbricación para configurar momentos de la historia fabulada y la historia vivida.





Toda novela, todo relato ficticio, son un acto de provocación, porque tratan de imponer en el lector una representación de la realidad que le es ajena. En esa provocación hay un yo que se afana por ser oído, un yo que trata de perdurar narrándose así mismo. (TEM).

Tulio Varón presta de la historia oficial o de los académicos su estrategia. Hay que entrar como los zorros: entrar al gallinero, matar algunas gallinas y escapar a la carrera (pp. 49).
Contradicción de los encuentros gratuitos de la guerra. La sevicia y la muerte asegurada lo hace vulnerable. Pero lo hace a la vez humano, lleno de contradicciones. Con su Columna Ibagué, dio de baja a cientos de conservadores en una misma noche, en escenas que los biógrafos e historiadores han catalogado de macabras. Los machetes y el silencio llenaron de sangre los campos del Tolima y a él comandando sus huestes liberales.
Por ello las preguntas que se hace el narrador: ¿quién será, entonces, el malo y quién no lo será en esta guerra? ¿Quién es el bondadoso? ¿Quién es el demonio? ¿Quién es el asesino? (pp. 50).


Si bien el gesto de reescribir la historia como novela o el de escribir novelas con los hechos de la historia no son ya sólo la corrección de la versión oficial, ni tampoco un modo de oponerse al discurso del poder, no dejan de seguir siendo ambas cosas: las ficciones sobre la historia reconstruyen versiones, se oponen al poder y, a la vez, apuntan hacia delante. (TEM).


Los personajes que, comandados por Gloria, van a una finca y se abocan a una sesión de espiritismo ofrecen otras voces que rompen la densidad de los sucesos de la guerra.

Lo más notable, quizá, es la una institución espiritista que envió cartas a los periódicos protestando porque uno de mis personajes de ficción, a quien se describía como aficionado a ese culto, no figuraba en los registros oficiales de miembros. (TEM).

Los cuatro planos están escritos desde la primera persona lo que hace que el autor recurra a los artilugios de la oralidad. A pesar de que el ritmo es tan complicado durante el trascurso de los planos y los acontecimientos, la novela sale bien librada.

Ya no podremos dialogar con la historia como verdad sino como cultura, como tradición. (TEM).

No nos importan tanto los hechos de guerra como la vida del protagonista, la construcción de su historia y el telón de la documentación como espejo de su propia existencia.
Por comprensiva y basta que sea, por más avidez de conocimiento que haya en su búsqueda, la Historia no puede permitirse las dudas y las ambigüedades que se permite la ficción. (TEM).

El autor, seguramente Benhur, vivió la presencia del General. Se siente en cómo rebela los secretos de la creación-posesión: Como lo temía, otra vez sentí el roce de ese aire tibio en la espalda y enseguida observé la silueta del hombre y su cabalgadura. Ahora, como en una especie de contraluz, pude distinguirlo con sombrero blanco de alas grandes, un chaquetón polvoriento, desabrochado, y una bandolera repleta de balas que le brillaban sobre el pecho. (pp. 91).

Es el Fantasma que también, en forma escalonada, inevitable, toma el hilo de la narración y de el argumento para que el lector continúe introduciéndose en lo verosímil de la novela. La llegada del héroe desde la penumbra de la muerte a hacer al escritor la pregunta: Quiero saber si mis hombres triunfaron en Ibagué y qué tanto se logró después con la victoria. (pp. 92). El recurso del Fantasma, usado por la literatura clásica, el teatro y la poesía, ahora toma forma y cuerpo en las divagaciones de un hombre al que se le pondera pero que a la vez se siente comprometido con la muerte y la violencia oficiada en las guerras civiles colombianas. También el doble juego de la obsesión y el lenguaje casi ingenuo de quien es poseído. El autor esta agobiado y pide a su personaje un favor: perdóneme pero he caído en cuenta que también tengo mujer y debo cumplir con mis deberes, tú me comprendes. También tengo mi propia cronología. ¿Estás de acuerdo conmigo? Gracias, mi General. (pp 110). El novelista descansa pero el Fantasma contraataca, inmisericorde, invade ese otro plano de la vida normal, de lo cotidiano, con la esposa y el amor, con los silencios y vicisitudes. No está cansado pero el lector nota que el agobio lo atormenta. Este libro, si es que logro escribirlo, debe ser más un compendio de aventuras que una biografía. Eso me entusiasma. Es lo que me ocurre ahora, no te ofendas, General. (pp. 247).

…usa la ficción no para derrotar la Historia o para negarla sino para llevarnos a la historia que está entrelazada con el mito (TEM).

El dolor invade, ¿acaso el de la creación? ¿Acaso el de los lectores que en el momento de las muertes y desmanes claman justicias pasadas? El novelista comparte ese sentimiento, sin pretensiones morales ni políticas a pesar de ser una novela específicamente liberal, en contra de la violencia conservadora de finales del siglo XIX. He llorado, no me da pena decirlo, después de conocer la cantidad de muertos y recursos desperdiciados en esas guerras, durante años. Soy tonto, ya lo sé. (pp. 257). Poseído y triste, como si la guerra de entonces se imbricara en las siguientes y el sentido de escribir tome la dimensión de los héroes anónimos. Sí, el Fantasma de la creación, envuelto en la aureola de un General que deambula, ataca de nuevo. Tecleo sin parar. Como si mi Fantasma me dictara las palabras. Es el mismo mundo nuestro con las mismas penurias e idénticas tragedias, retrato amplio de aquella patria boba. Río abajo van las muecas de angustia de los muertos para que el agua borre por completo la huella de sus vidas. Para que los culpables sientan que son el poder sobre la tierra y nada los detenga en el festín macabro. (pp. 258). Una vida que luego el novelista ve que empieza a tener forma en sus archivos. La reflexión absurda de escribir una novela y cuestionarla dentro de la misma novela.

¿Cuáles son los conflictos que distinguen a un novelista de un biógrafo o de un redactor de biografías periodísticas? Escribir una biografía es una ceremonia teñida de prudencia. Un homenaje a lo visible se suele omitir lo evidente. Muchas verdades que no pueden ser probadas se soslayan precisamente por eso, porque no hay acceso a las pruebas. Aun la mejor de las biografías exhala un cierto aroma de represión. El historiador y el biógrafo están condenados a exponer hechos, datos y fechas, a desentrañar el ser real de un hombre a través de las huellas sociales que ese hombre ha dejado. Se disculpan porque deben reducir la infinitud de una vida a un texto que es limitado y finito. Y se disculpan, sobre todo, porque saben que ningún hecho rebela la plenitud de la verdad cuando se convierte en lenguaje. (TEM).

Buen viaje, General, tiene páginas memorables para un lector sensible o para un lector exigente corresponden a las que anteceden a la muerte del General. Están en las páginas 276 y 277, no las trascribiré, las dejaré, respetuosamente al lector, para que sea su tiempo y ritmo el que de ellas se ocupe, las disfrute o no.
Once capítulos y cuatro voces que llevan a un hombre perdido en la historia patria, recatado en la historia del mito y la ficción.



Cuando digo que una novela sobre la historia tiende a reconstruir, estoy diciendo también que intenta recuperar el imaginario y las tradiciones culturales de la comunidad y que, luego de apropiárselas, les da vida de otro modo. (…) la novela sobre la historia también recoge lo marginal, los residuos, pero a la vez recrea iconos del pasado a partir de las tradiciones, mitos, símbolos y deseos que ya están ahí. (TEM).


Al fin el novelista puede dormir tranquilo y abrazar a su mujer, el General ha emprendido el viaje que él le permitió, seguramente va liviano de equipaje, como todos los Fantasmas que existen en la literatura.




Bogotá, septiembre 14 de 2010

Benhur Sánchez y su editor, Pablo Pardo

No hay comentarios: