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27 de marzo de 2010

* Jorge Eliécer Pardo: Poeta Eugenia Muñoz

Poemario
La vida ensombrecida

El duelo empieza con la palabra. La literatura se hace palabra y la poesía sentimiento en la entraña misma de la palabra. Dolor, muerte, sacrificios, soledades y desdichas, esas las secuelas de la muerte. Y la palabra y la poesía se desarma con la fragilidad del amor puesto a prueba por los siglos de los siglos. La voz que viene con la cadencia de la palabra, a los oídos del viento y a los corazones de los vivos, víctimas o solidarios, poema herido, lacerado por ciertos hombres, guadañadores de la existencia.
La vida ensombrecida es la voz del poeta que lanza su clamor, su canto lastimado por la injusticia, dolor recónditos de todos, lamento íntimo, preclaro. Hay en estos poemas lo que toda poesía reclama: sinceridad y fuerza, sentimiento y belleza. ¿Acaso el hombre podrá alguna vez dejar la estética del dolor?
Eugenia Muñoz hurga en la profunda carne, en el efímero espíritu, en los abnegados momentos de la tortura y la indefensión. ¿Cuánto dolor tenemos que pagar para que detengan la muerte? Esa pregunta que abre cuerpos y tritura esperanzas son respondidas por el poeta que viaja en el dolor y clama amor y justicia. El poeta llama, se conduele, testifica y suplica. El poema hace el duelo para empezar la primavera. Y el mundo sigue la guerra. Ahí están los versos sobre la violencia y contra la violencia. Los poemas de la vida.
Desolaciones y amores sin armas, aunque perdidos:
Serás el aire que pasa
sin que lo pueda ver
serás el recuerdo de aquella tarde
de nuestro encuentro.

Poemas que tienen el tono de la romanza y el aleteo de Lorca o Miguel Hernández. Voz propia con música y sollozo. Por los versos de este bello libro pasan los que fueron, los que dieron vida y amor, los ausentes revividos en la palabra, los amados desaparecidos. Aquí se teje y desteje la vida florecida, arrancada sin sentido. Convocación de almas trasparentes, súplica en medio de la nada. No es sólo una guerra, o esta guerra, o este acontecer bélico, es también el triste asesino que la sociedad engendró y cortó las alas al viento.

Y la palabra convoca los amores, los perdidos por la ausencia o los extraviados en la vida.
Como rosa quisiera ser
yo para ti.
Sin tus palabras duras,
sin tus gestos ausentes,
sin tus silencios
que me deshojan.

La palabra también despide los amores y rehace los recuerdos en las invocaciones de nuestros íntimos rincones.
Aquí hay poesía, dolor, sentimiento y lealtad. Hay que beber también en el vaso amargo porque también ahí está la belleza.

Jorge Eliécer Pardo

Un poema de Eugenia Muñoz

PERDONEN USTEDES
Perdonen Ustedes pero hoy
no tengo palabras suaves.
Hoy no tengo sonrisas de dulzura
ni entusiasmos claros.
Hoy me duele mi vida.
Mi vida hecha para amar,
esperar y dar.
Hoy sangro por una nueva herida
a mi vida.
Hoy sangran mis viejas heridas también.
Me arden hoy juntos
todos los perdones de mi olvido
de tantos malos tratos.
Hoy quiero decir a gritos,
sollozos y piedras
que no es justo,
que no es justo,
que no es justo el desconcierto,
ni la frustración,
ni la amarga espera sin fin.
Hoy no acepto, no entiendo
ni mucho menos comprendo por qué.
¿Por qué el juego burlón
a mis búsquedas titánicas?
¿Por qué tan implacable golpea
la irónica hiel
sobre la siempre-dulce
intención mía?
¿Por qué el Constante Silencio
asfixiando mis más legítimas súplicas?
Hoy, juntas todas estas heridas
me anonadan en sus honduras.
Y no sé a Quién suplicar,
de quién esperar,
ni a quién dar!
Perdonen Ustedes hoy!

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