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18 de mayo de 2011

Premio nacional de novela corta Universidad Central




La noche del dromedario
Por Jorge Eliécer Pardo
De nuevo he tenido la oportunidad de compartir la mesa con Daniel Villabón Borja quien ganara el primer premio del Concurso de novela corta organizado por la Universidad Central. Ya tenía en las manos el ejemplar de la novela La soledad del dromedario con la cual Daniel ingresó en el mundo de la narrativa colombiana con honores. Lo digo no por el premio sino porque ha escrito una magnífica novela.
En la etapa de preproducción del libro me pidieron unas líneas para la contratapa y dije en la pulcra edición de la Universidad Central:
“Esta es una novela de personaje, una novela que nos subyuga no sólo por su extraño ambiente gótico sino por su lenguaje. Es la historia de un hombre de hoy, maltrecho en lo físico, que se enfrenta a una sociedad fragmentada y violenta, neurótica y voraz. No basta con saber lo ocurrido a este solitario deforme sino saber que debe convivir en un mundo lacerante.
Nos evoca a Kafka y su Gregorio, nos retrotrae no a un espantoso insecto sino a un dócil dromedario. Dos antigregarios atormentados por el pequeño espacio que les permiten. También evoca a Quasimodo y al Hombre Elefante: sedientos de amor y compañía: derrotados.
¿Existencialista? ¿voyeur? ¿Agresivo? ¿Erótico y sexual? Todas las preguntas las responde esta novela bellamente trabajada desde el conocimiento armónico y desarmónico del hombre-personaje, del hombre-lector.
Uno pensaría que su autor es un viejo sabio que indaga bajo la piel de su antihéroe desahuciado. Uno termina entendiendo que más que un esperpento es una gran obra de arte porque desentraña el espíritu humano. Luego del silencio que deja la lectura nos miramos al espejo para reconocernos en el rostro de Hans Silva y de Daniel Andrés Villabón Borja”.


Seguramente, como ocurre en Colombia, este libro será silenciado y los medios no se ocuparán de él. Afortunadamente existen redes que irán dándole el lugar que le corresponde en la narrativa nacional. Nos dice la solapa del libro que Daniel es escritor por genética y lector por compromiso. Tiene 25 años. Aún carece de la veleidad y el desparpajo grandilocuente que muchos ostentan en este mundo fatuo de los oropeles.
Auguro para Daniel, como lo dije el día del lanzamiento, lo mejor porque su talento es más que evidente.
El día de la presentación Isaías Peña leyó el prólogo que encontrarán aquí. Luego el silencio que llenó la voz pausada y sin aspavientos de Daniel; tenía pena con su personaje, así lo expresó:

Disculpas a un personaje literario
Por Daniel Villabón

Lanzo una moneda al aire. Silenciosamente, pero moviendo los labios, elijo cara. La moneda cae por cruz. He perdido. La penitencia: Leer- quiero decir releer- la historia que escribí ya hace algunos años y por la cual estoy aquí, puntual y bien vestido, tratando de no sudar demasiado, presentando mi libro.
La relectura no me toma más de tres horas, es de algún modo entretenida, está escrita con un lenguaje eficaz (aunque, bien sea aclararlo, esto no lo debería estar diciendo yo, su autor), algo por lo cual, con seguridad, puedo sentirme orgulloso, algo de algún modo digno de ver la luz. Es de noche. Cierro el archivo, apago el ordenador y tomo cama aguardando a dormirme con prontitud. Pero no, pasan los minutos, los zancudos embisten mis orejas, pasan las horas, me deshago del edredón, y no puedo conciliar el sueño. Causa del insomnio: la culpa. Una culpa tenue, como un latido desganado, pero a fin de cuentas, culpa.
Remedio para aliviar las culpas: las disculpas. Sin pensarlo mucho, me incorporo de la cama, me calzo mis zapatos y salgo del cuarto rumbo al patio. Es de madrugada, hay que temer o sonreír, los personajes literarios andan sueltos. Quiero encender un cigarrillo parar hacer más apacible el frío, pero los he dejado en algún lado, y si no los he dejado en algún lado, no los he comprado. Aguardo, mirando al cielo, a que el personaje de la historia que escribí, y la que releí hace algunas horas, se haga presente. Veo muchos personajes pasar: un escarabajo o una cucaracha, un hombre apiñado en una prensadora de papel, otro hombre con los dientes de su amada en una mano, un viejo con una eterna erección, una mujer que ejerce la prostitución onírica, pasan otros tantos que no logro reconocer…. A todos los veo pasar como en una procesión, pero no veo al que me concierne, por el que estoy aquí, con pijama y despojado de los caprichos de un escritor. Cuando pienso que ésta vez no vendrá, lo veo venir, sostenido en el aire a pesar del bulto en su espalda, llega hasta mí y se detiene, él sabe que ya está bueno de postergaciones, cruza los brazos sobre su pecho y se consagra a esperar. También sé que ya no hay más excusas, de modo que empiezo, con apabullada voz, a ofrecerle mis sinceras disculpas por haber recibido un cheque de un monto significativo a causa de haber expuesto sus intimidades, porque algunos, aparte de mí, sabrán de usted, por haberlo inducido a andar en posición cuadrúpeda, por no haberle puesto un mejor nombre, por apropiarme de sus obsesiones y de su tristeza, por relacionarlo de una manera indolente con una niña malcriada, por vedarle el día, por no brindarle agua pura que pudiera saciar su sed… Mientras continúo desenvainando disculpas, él me escucha con atención, moviendo su cabeza decaía en señal de aprobación. Me disculpo ante usted por aquella mujer incapaz de contener sus jugos vaginales -le digo-, por arruinar las palmas de sus manos, por haberlo despojado de grandes cantidades de su semilla, por- esto me avergüenza decirlo- haberle impuesto esa soledad que sólo podría amoldarse a usted. Dicho esto, él baja la cabeza y se queda unos instantes pensando en darme la absolución o la condena. Yo aguardo expectante a su veredicto. No es muy larga la espera, él adquiere forma de camello, separa sus patas traseras y me lanza un chorro potente y uniforme de orina. Su orina me empapa la pijama, me salpica el rostro. Cuando termina, recompone su postura y se aleja marchando acompasadamente en el aire, a pesar del bulto en su espalda. Es de madrugada, hay que temer, los personajes literarios andan sueltos. Es mejor tomar cama.
Afuera seguía la feria del libro y muchos se llevaron en silencio La soledad del dromedario entre sus bolsas, con ese discreto silencio que abren las expectativas de tener una buena compañía.
En su momento escribí cómo me entusiasmó la novela ganadora. Pueden leerlo en Confesiones de un jurado.


El día de la premiación en el Teatro Faenza. Daniel Villabón y Jorge Eliécer Pardo. Noviembre 23 de 2010

Las novelas participantes






2 comentarios:

JORGE E PARDO dijo...

Nos escribe la diseñadora gráfica Zory:
Querido Jorge,

Felicitaciones merecidas a Daniel Villabón por el Premio Nacional de Novela corta - Universidad Central, por su libro "La noche del dromedario.
En horabuena por ti y por Daniel, porque fuiste un justo jurado, porque tomaste muy en serio tu trabajo.
Este libro no se quedará en el silencio, ya que gracias a la tecnología y a tu generoso trabajo en tu blog, harás conocer este nuevo y jóven talento colombiano.

un saludo,

zoraida cadavid-consuegra

laorejadeholyfield dijo...

Quedé muy curioso para leer la novela, se nota que es un escritor con sendibilidad y talento, espero comprarla cuando pase por Bogotá,
Un saludo,
Rafael Gutierrez