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11 de marzo de 2015

Lecturas compartidas Carlos Pardo Viña, novelista

Lecturas compartidas
Por Jorge Eliécer Pardo

Bohemian rhapsody
Carlos Orlando Pardo Viña
Pijao Editores-Caza de Libros (Ibagué, 2015, 135 páginas)




Seguramente —como el personaje que viaja en el vértigo del mundo que le toca vivir— el autor sentirá el mismo vacío en el estómago por ser este su primer libro ambicioso que muestra al público. Se ve que él y su ficción se la juegan en cada párrafo, idea o sentimiento. Devenir de una sociedad líquida donde el existencialismo no se parece al de Albert Camus pero que ahonda, con lenguaje y ritmo de estos tiempos de la falsa pos-modernidad en la verdadera angustia de los hombres de todas las épocas.

 Ser o no ser, periodista o escritor, enamorado o perdido en afectos imprevisibles, espacios que rozan la novela negra pero que profundiza en lo negro de una vida contradictoria. Esta novela del fracaso cotidiano, logra conectar con el lector en la podredumbre de una ciudad llena de iniquidades  gobiernos fatuos y corruptos. 
Suena una canción de Queen en la voz melosa de Freddy Mercury. Todo se vuelve gaseoso, repetición de la existencia, pérdida de identidad, en el entrecruce de falsos valores que regala la red, la web, que puebla la vida crítica de tantos seres que, rodeados de personas, se hallan debatiendo su azarosa vida en la pantalla iluminada que cada vez oscurece sus existencias permeadas.
El lector es señalado o, seguramente, la segunda persona, ese TÚ que indaga al personaje, es la voz del voyerista de toda novela. Da intimidad al narrador omnisciente, conciencia, cámara de cine, testigo, fustigador, juez y parte. El segundo narrador, en tercera persona, se exhibe adelante del escenario, de cara al público. El Tú se halla tras los velos, las cortinas, en las claraboyas. Voces de narradores, alternadas, sincopadas. Conciencia y razón. Cabalgamiento de la misma vida. Literatura, crónica roja, poesía, sangre, libros, obituarios.

Se nota la intensidad del periodista que combina, a la manera de Truman Capote, en su clásico texto “Los asesinos”, la tensión con la psicología de quienes intervienen. Ese, en principio, uno de los méritos de la novela. Ritmo de la respiración con anti-ritmo del devenir. Velocidad y abulia.

Vacuo el mundo de afuera, vacuo el mundo de adentro, vacío el protagonista, vacío el lector que se enfrenta a lo inasible, poblada la argumentación que avanza, tácitamente a grandes pasos, mientras el otro, el invisible lector-testigo, debe suspender la lectura para confrontarse en ese espejo que, a pesar de ser de un hombre particular, alarga su tentáculo a los demás congéneres del siglo XXI que son los mismos de todos los momentos de la historia, con diferentes tecnologías, bares y canciones, jazz, boleros, amores y frustraciones.

Rescata niveles de lenguaje coloquial en momentos que dan al recuerdo regocijo. Treguas igualmente retorcidas que alimentan el foco psicológico del héroe, anti-héroe.
Una novela con varias capas de lectura, lo que los entendidos llaman polisemia, textos subyacentes, comilona de alcachofa, mensajes que remiten a la música y la literatura, rescate de Cortázar, discusión sobre William Ospina…

“… tú eres un fantasma que no recordará haber muerto…”
Las páginas en blanco se han desbordado con Bohemian rhapsody, Mercury, “… estás cubierto de mierda…”, muertes y corrupción. Lleno de soledad, cerca al suicidio, suicidio de la ciudad, suicidio de la literatura, con miedo al ausente, a Bucovski quizás.
Muchas reflexiones suscita este libro triunfador de Carlos Pardo Viña, por su buena escritura, su precipitad al abismo, al hueco negro. El lector quedará apresado y, en muchos momentos, cerrará el libro para cuestionar su propia y caótica vida.

Jorge Eliécer Pardo
Bogotá, marzo de 2015





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