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7 de mayo de 2012

La novela de Fabio Martínez


El tumbao de Beethoven
Novela de Fabio Martínez
Fundación literaria Común Presencia
Colección Los Conjurados, Bogotá, abril de 2012, 171 páginas
Por Jorge Eliécer Pardo



Fabio Martínez
Con un epígrafe de Eddie Palmieri que interroga, ¿A quién no le gusta este tumbao?, el lector termina contestando: a mi me gustó este tumbao. Ésta novela desenfadada de Fabio Martínez.

Además de la salsa que todos hemos bailado, que todos bailamos aún, hay en esta novela un profundo conocimiento de los seres humanos inmersos en una época y entorno especiales, en la ciudad de Cali, la de los años setentas. Es el resumen de los años de las parejas que en medio de los avatares de un país lleno de contradicciones políticas e ideológicas, debatía posiciones y militancias, bailando, haciendo el amor, habitando edificios y camas con sueños encontrados de revolución y amores correspondidos o extraviados.

La carga de ironía y humor que tiene la literatura de Fabio Martínez —sobre todo en sus cuentos— la despliega en este libro con sutil pero doloroso síntoma de derrota; eso es El tumbao de Beethoven. Historia de amor y desamor. Violeta González y Humberto Otero. No es una narración lineal, monologa y deambula, va y viene como las parejas gozando a Richie Ray y Bobby Cruz. Creciendo para el olvido en medio de conciertos memorables.

“¿Voy sin calzones?”, pregunta Violeta como agarrando recuerdos de infancia al muchacho que la amó por siempre, que la esperó para siempre, como esos amores románticos en desuso.

En el concierto, Violeta salta al cuello de su amigo. “…el joven siente, a la altura del cuello, una pelusa tibia, como si fuera la piel aterciopelada de un gato…”
Así las primeras páginas para meternos en una erótica relación que luego habrá de conducirlos a aventuras, alegrías y tristezas mientras Celio González los arrulla desde el picó.

Racismo, machos y pandilleros, en palabras que se juntan con lugares, barrios, colinas y caleñas calientes, como llaman a las rosquillas de harina de yuca, al decir de Martínez. El tumbao de Beethoven huele a comida y a esmegma, a sancocho valluno, sopa de torrejas, albóndigas y marranitas. Huele a sudor de pistas de baile y a almizcle de negro. Sabe a licor revuelto con una generación toda viche, inmadura, perdida.

Personajes anodinos pero de carne y hueso, van por lugares emblemáticos del entonces, el Honka Monka, el Séptimo Cielo, La Manzana, La Escalinata, el Schira, La Barola, Juanchito “el único lugar en el mundo donde las noches se unen con los días”. Y acaban en las tardes bucólicas del Pance.

La novela viaja a Bogotá como la podredumbre donde los que van y vienen vivirán contagiados del dolor urbano indiferente o de la pus de sus andenes y de sus lechos fáciles. En las dos urbes se desenvuelven las vidas personales y a la vez públicas de callejones y sinsabores. Bogotá, que todo lo devora. El narco y su cultura impuesta, la narcorumba que se apodera de todo aparece no como crónica sino como vivencia en los ojos transparentes de un país decadente, con falsa opulencia.

El habla caleña no es molesta para el lector, al contrario, adquiere un tono gracioso que, unido a los giros propios, le dan riqueza al lenguaje sin caer en lo puramente coloquial. Fútbol y música, pubis y aguardiente Blanco, letras de canciones que entrelazan la narración dan ritmo unas veces, erotismo, otras. Sexo y revolución, verbo revolucionario y de levante de las nenas de la época,  compañero, camarada, mamerto, trostkista, líderes estudiantiles, represión y muerte. Las baladas tristes de utopías ajenas.

Por el libro transitan los nombrables no solamente de la historia novelada sino de la historia patria: Andrés Caicedo, Patricia Restrepo, Ramiro Arbeláez, Eduardo Carvajal, Feliza Bursztyn, Alcántara, Astudillo, Muñoz, Jotamario, Umberto Valverde, todos por la rumba y en el derrumbe inevitable. ¿La generación perdida?, no, la generación podrida, al decir del personaje de Fabio. Discusiones en torno al arte de figuras en formación o en deformación.

Contrario a lo que algunos han afirmado sobre la cercanía con Andrés Caicedo y su Que viva la músicaEl tumbao de Beethoven está bien escrita, sin errores gramaticales como la del malogrado cineasta. Ésta es una prosa madura, que conoce a fondo los devenires de una generación de escritores repleta de sueños con finales fracasados, como los finales de las verdaderas tragedias históricas y personales. Una ciega, un inválido en medio de la poesía del desastre, monólogos donde el poder de la memoria y el tiempo se entrelazan con la fuente del olvido.

Novela alegre en su epidermis pero triste y vacía en una historia de amor, de niñez, juventud, que se desvanece en la inatajable tragedia del olvido: encuentro inevitable entre la muerte y la ensoñación.

Fabio Martínez ha escrito una novela de la verdad, creando ámbitos literarios, personales, donde no es la descripción vacía que tantas hay en las literaturas latinoamericanas contemporáneas. Sus personajes tienen la verosimilitud de los grandes dramas humanos. La carga de la música en el trasfondo es un pretexto, un sonoro y bello telón donde se refleja el conflicto humano que es el que en últimas le interesa a la literatura, el que al final hace reflexionar al lector invisible. Una sordina del devenir del siglo pasado, allá, aún suena, queda y persistente.

Jorge Eliécer Pardo
Mayo 8 del 2012  


Ver nota: Fabio Martínez traducido al francés.

Fabio Martínez con JE Pardo, feria del libro 2012


Benhur Sánchez, Fabio Martínez y JE Pardo, feria del libro 2012


2 comentarios:

NTC dijo...

Muy bueno y analítico este texto de J. E. Pardo sobre la nueva novela de Fabio Martínez.Gracias y felicitaciones para ambos. Sobre la novela y su autor, sugerimos ver: http://ntc-narrativa.blogspot.com/2012_03_08_archive.html

Marco Tulio Aguilera dijo...

La terca generación que sigue dándole a la tecla con entusiasmo y cariño por la vida!