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17 de diciembre de 2012

Lecturas compartidas: Ramiro Lagos


Un largo camino en las letras
Por Jorge Eliécer Pardo
Ramiro Lagos, foto JEP, 2012
Este poeta que este año (2012) cumplió 90 años de edad, es digno de admiración. Me invitaron a una tertulia en un bar-restaurante y nos entregó tanta sabiduría que envidié su lucidez. Trotamundos, académico, enamorado de la vida y de las causas sociales del mundo dignificó el oficio de escritor. Amigo entrañable de Rafael Maya, León de Greiff, Luis Vidales, Aurelio Arturo y los más destacados poetas de los años cincuentas, su espíritu organizador lo condujo a distintos organismos nacionales, internacionales y universidades.

Foto JEP
Su obra inaugura la llamada poesía testimonial. Ejerció el periodismo en interesantes conversaciones con Ramón Menéndez Pidal, Vicente Alexandre, Julián Marías, Camilo José Cela, Gerardo Diego, Dámaso Alonso y Antonio Buero Vallejo.
Me ha enviado el libro Ramiro Lagos: un largo camino en las letras, de pasta dura, y un diseño muy particular para estos días que corren, coordinado por su esposa, la licenciada María Consuelo Barrios (su musa oficial, según nota de contratapa del libro).
Jesús María Stapper hace un minucioso y sesudo ensayo (Luz en un largo camino) donde recorre vida y obra de Lagos destacando sus méritos. Veamos algunas apreciaciones de Stapper:

Poeta José Luis Díaz-Granados, Ramiro Lagos y Jorge E Pardo, 2012
“Nació el poeta Lagos Castro para vivir la perennidad épica de las epopeyas  santandereanas del cóndor y  de la espiga de Aurelio Martínez Mutis. Vive la vorágine de su pensamiento libertario y su existencia en el Mester de  rebeldía. Ha sido testigo ocular de la alquimia Güane: ancestros precolombinos.   Nació para plasmar en esquelas patrióticas el canto sublime y valiente de José Antonio Galán el Comunero. Vive los cantos oníricos que tienen palabra y leyenda. Vive para leer a sus coterráneos. Con ellos comparte pueblo, casas, barrios, calles, caminos, prosas, versos, símiles y tropos.

Recoge el poeta Lagos: el “rumor acaudalado que es para nuestra historia un testamento moral y libertario” de Alberto Cortez. Recoge las quejas de Oswaldo Guayasamín: “los niños de mi escuela no juegan con el niño indio” y “mi grito se ha sumado a todos los gritos que expresan la humillación, ...pese a todo no hemos perdido la fe en el Hombre”. Recoge las primeras voces de nuestra selva virgen porque “América debe ser para quienes de verdad la aman y aman a los americanos”. Pretende favorecernos  de las garras de “Águila imperial” porque ellos  “quieren poner en esta capilla del Hombre toda la tragedia que hemos tenido a través de la vida y de la historia”.  Colombia es una colonia obediente al igual que Europa  (la que antes colonizaba). El antiguo Continente  obedece sin refutar, su conformismo es latente.  Ojalá que algún día se respeten y se aprecien de verdad los heraldos de los cinco continentes.
Ramiro es un inmenso árbol de palabras cuya frondosidad lírica irriga con frutos de  conciencia y libertad a los hombres. Su voz de predicador poético es fuente intacta de matinal rocío. Antes, otros trataron de discernir y lo hicieron. Lo hizo Pasternak a través de un artículo  publicado en el periódico Literatura e Izkustvo el 2 de abril de 1944, al hacer referencia a Verlaine en cuanto a la época que a éste le tocó vivir (época distinta a la de Stendhal, Merimée y Pushkin): “El siglo XIX había llegado a su apogeo e iba hacia el ocaso, con sus caprichos, el despotismo de la industria, las tormentas financieras y una sociedad compuesta de víctimas y de aprovechados”. El profesor Lagos  nos indica que hoy la vida sigue igual.

JL Díaz-Granados, R. Lagos y José María Stapper, 2012, foto JEP
Por su pensamiento vertical, diáfano y visionario, por su mundo de razones, académicos, escritores, periodistas y críticos  han evaluado y comentado la docencia y creación de Ramiro. Lo llevan con justicia a su pedestal merecido. Lo hacen a través de artículos, ensayos y biografías. He aquí algunos nombres en breve selección de sus críticos y comentaristas, Manuel Vegas Asín, Otto Morales Benítez, Sergio Rangel Consuegra, Manuel Dicenta, Tomás Paredes, Patricia Suárez, Alicia Galaz Vivar–Welden (Biográfa de RLC)), Gonzalo Lamus, Manuel Martínez Remis, Diego de Figueroa, Soledad Santamaría, Iliana Godoy, Fernando Operé, Antonio Barbagallo, Fernando Caro, Jaime Ferrán, Eduardo Carranza, Aurelio Arturo, Alberto Lauro, José Hierro, Federico Carlos Saínz de Robles, José María Pemán, Jesús María Stapper, Octavio Uña Juárez, José Andrés Rivas, Rafael Díaz Borbón, Pedro Gómez Valderrama, Helcías Martán Góngora, Carmen Sotomayor, José María Cañete.
Foto JEP

¿En qué lugar purgarán las penas los dioses cuando pecan? ¿Será que mi Dios, mi único Dios, necesita la rivalidad de otros dioses porque la competencia cuando se hace desde las alturas, con altura, es sana y fortalece? ¿Será que mi Dios y los “otros dioses” son capaces de darle mejoramiento continúo a sus paraísos? ¿Será que algunos paraísos ya pasaron de moda? ¿Será necesario consensuar entre los dioses, la creación de un infierno exclusivo para “los dioses desviados de rumbo”? ¿Será que en algún momento puedo escuchar el vocabulario maldito de un dios cuando vocifera o aúlla de dolor o arrepentimiento? ¿Será que la ignominia, la miseria, el desarraigo y la injusticia soportados con todo rigor por el hombre, son los únicos medios para ostentar individualmente un lugar en el paraíso? Son algunas de las preguntas permanentes que increpan mi alma, y “mis almas”, porque dentro de mí ser, tengo almas para todo. Y es también, una visión particular que desde la periferia, me permite acercarme al libro del más osado y contemporáneo juglar de clerecía, Ramiro Lagos Castro, cuyo título es: Rimado del Cristo Roto.

Ramiro Lagos y Fernando Ayala. Foto de JEP, 2012
A través de salmos, cántigas, sonetos, hasta la octava real, etc., entre la metáfora y la rima, rima épica, va Ramiro Lagos a través del Rimado del Cristo Roto, tras la “caza de nombres-poetas”.  Los atrapa, y los instala con sus versos junto a los suyos para regalarnos con su libro, un canto casi místico con “la sonoridad épica de un clarín liberador”. Atrapa a Juan Ramón Jiménez porque: “la poesía es una religión del Dios deseado y deseante”. Atrapa al argentino Pedro Bonifacio Palacios con “sus salmos”. Atrapa al peruano Manuel González Prada con “sus presbiterianas”. Atrapa al chileno Miguel Arteche y su “Cristo Roto”. Atrapa a Helcías Martán Góngora con su “Acto de fe”. Atrapa a Fernando Soto Aparicio con su “Oración personal a Jesucristo”, etc.
 
“Congrega” el autor de Rimado de Cristo Roto, poesía y pintura; y concatenadas, nos la regala en la magia y en la esperanza bendita que despierta al inicio de una oblación sincera y sin genuflexiones. Congrega en un soneto a Miguel de Unamuno y Diego Velázquez: “El gran maestro de la perspectiva y la luz” con “Cristo Expósito”. Congrega a Goya en la perspectiva de “El Cristo Abandonado” porque: “Pinta Goya el agónico momento /  del Cristo roto de dolor profundo”. Congrega la “energía iluminada” en “El Cristo Salvador” de Dalí. Congrega a Rubén Darío con la imagen del Nazareno de América en el “Eccehomo Andino” que “tiene su tez de andino bronceado”. Porque ese: ¡Eccehomo! Tan Cristo comunero, / cargado con la cruz del pueblo entero / sangra ya en el calvario de mi verso”.
Ramiro Lagos y lectora alemana. Foto JEP, 2012

Existen Cristos para todo. Cristo está acostumbrado a su descuartización permanente. Bien sabe que por doquiera se venden retazos de su sangrante cuerpo. Por ejemplo, existen el “Cristo tugurial”y el “Cristo suburbial”, válganme ustedes, los términos aplicados. Existen los Cristos “innecesarios”. Me refiero a los Cristos que habitan dentro de los espejos: “Cristo de los espejos”. Es un Cristo que se rompe –corrompe-,  o se evade, casi que lo puedo calificar de irresponsable. Hay algunos Cristos más pobres que otros, viven los estigmas de la estratificación. Tal vez, Él, no se haya dado cuenta todavía, que a pesar de tanta praxis por su venta, su cuerpo diezmado de tan buenos resultados económicos.

¡Ay, Cristo de los tugurios,
Cristo roto de barriada
Con su miseria en la calle,
Y con su lar de hojalata!

¡Ay, Cristo de los tugurios,
Se me está rompiendo el alma!
Paso y te veo tan enclenque
Y sé que si lloras, sangras.”


Ramiro Lagos, Fernando Ayala, José María Stapper, Luisa Fernanda Trujillo y JE Pardo, 2012
Sendos estudios, ensayos y reseñas acompañan este libro celebración a un hombre dedicado a las letras. Una poesía moderna en sus temas aunque muchos de sus versos conservan rima y métrica a la manera española del siglo de oro.

En mi pequeña cámara fotográfica dejé plasmadas algunas de sus palabras de aquella tertulia del 16 agosto del 2012 en Bogotá.
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