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21 de enero de 2013

Exposición. Eddy Galvis


Los secretos en los rostros de Eddy Galvis
Por Jorge Eliécer Pardo


Había visto dos grandes formatos de rostros de mujeres en la casa del embajador de México y encontré en ellos ese enigma que luego desentrañé parcialmente en la exposición del Centro Gabriel García Márquez: Eddy Galvis, Rostros como signo, en la sala Dévora Arango. Enero 17 a febrero 17 de 2013.



No somos observados por esas mujeres, más bien somos soslayados, a veces espiados. Pero ellas, adustas y hermosas, lejos de los rostros fashion, nos reflejan el tiempo detenido de la reflexión y bien pudiéramos afirmar pertenecen a la etnia de las amorosamente fuertes, eróticamente receptivas.



Eddy Galvis logra la intimidad en ese largo laberinto de la galería, en los profundos espacios de luz, reborde y espacio, en los ojos expresivos así estén cerrados, profundizando un universo personal que sólo los ademanes pueden definir, como esos secretos femeninos que sabemos están ahí pero que no vemos.


Mi visita a la exposición. Enero 20 de 2013

En las pinturas de Eddy hay un discurso subyacente de expresiones poco convencionales. A pesar de ser una hilera de cuadros —diríamos una fila de mujeres— cada una toma su propia esencia y parece relatar su íntima historia.
Sé que una de las diferencias entre hombre y mujeres es la capacidad del sexo femenino para la reflexión íntima, personal. Las mujeres tiene ese don natural. En los cuadros lo vemos con claridad. Bocas y ojos lo descubren. O no lo descubren sino que lo develan.



Hay que estar largos instantes mirando a cada para que nos cuenten lo que son o lo que cada uno de nosotros quiere que sean o lo que hubieran podido ser en la larga argumentación de sus vidas.



Todas a la vez resultan intimidantes. Una a una resulta retador, de una perversa coquetería despreciativa.




Si pusiera una cara de mujer de la artista Eddy Galvis al fondo de mi corredor, cada vez que abra la puerta de mi apartamento estaría dispuesta a contarme una anécdota, a relatarme lo que los cuadros viven más allá de la madera, el óleo o la tela.



Poseen expresiones vivas, así parezcan planas. Si el rostro del fondo de mi corredor no está limitado por los cuatro lados del marco sino por el contrario —como muchas de la exposición— está rebordeado, acariciando el pómulo, dando redondez a la cabeza y con una buena luz, aparece en nuestra imaginación todo el cuerpo, grande y voraz.  



Aún no estoy seguro si conecto con las rebordeadas o es por el respeto que tengo a ciertas mujeres que me hace repensar mi acercamiento con uno de los rostros proyectados. ¿Será acaso que los hombres hacemos proyecciones y esas caras coquetas e insinuantes muchas veces nos animan a aventurarnos?


No podría afirmar que son autoretratos de la autora o recreaciones de su propia imagen porque la Eddy que conozco es más extrovertida que las que están atrapadas en las pinturas. Sí puedo decir que es una recreación de las distintas Eddys que hay por el mundo con la particularidad de la coquetería soterrada y maliciosa, por ello poética y llena de misterios.





La compañía de los libros —dentro de la librería del Fondo de Cultura Económica— le dan a las obras el mismo silencio del que he hablado porque las palabras de los textos son igualmente secretos mientras no retoman el mágico instante de ser leídos.


Finalmente, un rostro de mujer adherido a los materiales es la compañía a la que todo ser humano debe aspirar para las conversaciones solitarias. 


Jorge Eliécer Pardo
Bogotá, enero 20 de 2013


Eddy Galvis con el maestro Darío Ortíz, ©JEP, 2012

En el centro Eddy Galvis, a la derecha la cantautora Olga Walkiria, ©JEP 2012




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