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7 de septiembre de 2016

Kafka en la orilla

Jorge Eliécer Pardo

Kafka en la orilla
Huruki Murakami



Esta novela del excelente escritor de Kioto, 1949, (Tusquets, 2014) narra las aventuras y desventuras de Kafka, el joven que cambia  de piel como langosta mientras lucha y huye de un padre verdugo (escultor) que, como oráculo, lanza su profecía edípica: harás el amor con tu madre y hermana.
La estructura literaria, columpio de tiempos y lenguajes, parte de un cataclismo, real o surreal, en el ciclo de guerra, donde una maestra ve horrorizada que, en un paseo a la montaña, sus niños van desmayándose ante sus ojos. ¿Nueva arma química? ¿Invasión interestelar? Los pequeños van despertando y no recuerdan lo acontecido. Sólo uno permanece extraviado en el sueño. Meses después  despierta y le han robado su capacidad de leer y escribir y, a cambio, surge su privilegio de hablar con los gatos. Hace de lo elemental lo grandioso.

Kafka en la orilla, se sustenta en la metáfora, médula fundamental de la poesía en todos los tiempos. Metáfora y concepto, recipiente vacío y colmado. Cuerda floja de la belleza que nadie define.
Novela de personajes inolvidables zurcidos por un autor conocedor de los intríngulis del alma humana. Protagonistas que avanzan hacia un mismo destino laberíntico sin ayudas de hilos transparentes. Personajes que se desdoblan y contribuyen, como siguiendo el mapa del anti-argumento, a las múltiples entradas y fugas de muertes advertidas. Erotismo, crueldad, novela negra.
Un bibliotecario que encubre su cuerpo femenino en el hermoso ropaje de un joven sabio que, agazapado en el música y la literatura, cumple su papel y encuentra su lugar en la memoria de los libros. Sensualidad del sabor y el cuerpo.
Un camionero elemental a quien la música clásica, el Trío del archiduque de Beethoven, hace que vea el mundo diferente y permite el viaje al lado del viejo que deja de hablar con los gatos.
Seres fantásticos y fantasmagóricos, crueles unos, angelicales otros, convierten el asunto principal en múltiples, con voces inquisidoras como la conciencia (El joven Cuervo). Protagonistas deformes, elásticos, que emergen del hueco oscuro, la boca de otro, y luchan por el pórtico y la eclosión de un acontecer poco fortuito del espacio universo o la disputa inconsciente del lector y el viaje, significación, símbolos.

Los pájaros vuelan en toda la novela, cantan, aletean, presagian, enseñan. Cuervos que auguran abismos. Gatos, perros, caballas, sanguijuelas, metáforas y conceptos.
Remanso de obra clásica sin aspavientos de erudición colmada de sabiduría y cultura nipona desde lugares, comidas, terminologías; contraria a muchos libros referidos al país, el autor mezcla, con la penetración de la cultura norteamericana en la música, las prendas de vestir, dichos y comportamientos, la globalización en ésta historia profundamente japonesa.
Maestro en el diálogo y sus matices, condensado en el discurso poético y argumental, Murakami nos lleva como la buena música, por la inasible sensación de lo sublime, el aliento contenido de ser otros luego de acabar, lograr las últimas líneas: dentro de poco te dormirás. Y, al despertar, habrás pasado a formar parte de un mundo nuevo.

Bogotá, agosto de 2016
jorgeeliecerpardoescritor@gmail,com





1 comentario:

berta lucia estrada dijo...

Me alegra saber que Kafka en la orilla, la gran obra de H Murakami, te agradó. Para mí es su obra maestra. Me gustó mucho tu reseña, lograste pasar a través del espejo de Kafka, del video que hablaba con los gatos, del camionero, del bibliotecario que acoge al joven que ha huido de su hogar. Y para los que no han leído la obra les aconsejaría que lo hiciesen a la mayor brevedad, sé que no lo lamentarían. Berta Lucía Estrada
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2011/05/30/haruki-murakami/